Browsing by Author "Saldívar Hernández, Gabriela"
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Item La coerción sexual asociada con los mitos de violación y las actitudes sexuales en estudiantes universitarios(Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, 2015) Saldívar Hernández, Gabriela; Jiménez Tapia, Alberto; Gutierrez Reynaga, Reyna; Romero Mendoza, Martha; Dirección de investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales, Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz; alberj@imp.edu.mx (Alberto Jiménez Tapia)Item Dieciocho meses de seguimiento en pacientes con esquizofrenia(1994) Valencia-Collazos, Marcelo; Saldívar Hernández, Gabriela; Rivera Guevara, Edith; Departamento de Investigaciones en Servicios de Salud. Instituto Mexicano de Psiquiatría (IMP).Se informan los resultados de un estudio longitudinal de 18 meses de seguimiento en pacientes esquizofrénicos, con el objetivo de conocer su funcionamientos psicosocial comunitario después de su internamiento en un hospital psiquiátrico. Los pacientes presentaron niveles de satisfacción en la mayoría de las áreas de funcionamiento psicosocial, con una media global de 2.4 al momento de su alta; 2.8 a los seis meses y 2.7 a los 18 meses de seguimiento. El uso de medicamentos disminuyó del 62 por ciento a los seis meses al 59 por ciento a los dieciocho meses y las rehospitalizaciones se incrementaron de un 10 por ciento a los seis meses a un 40 por ciento a los 18 meses. Los pacientes que no usaban medicamentos (t-test=p .001) y también los que fueron rehospitalizados (t-test=p .05), presentaron menores niveles de satisfacción en su funcionamiento psicosocial, en comparación con los pacientes que usaban medicamentos y que no fueron rehospitalizados. Los resultados permiten considerar estos aspectos para un mejor manejo del paciente esquizofrénico en la comunidad.Item Diferencias por género en el miedo al crimen(1994) Saltijeral, María Teresa; Ramos-Lira, Luciana; Saldívar Hernández, Gabriela; División de Investigaciones Epidemiológicas y Sociales. Instituto Mexicano de Psiquiatría. Calz. México-Xochimilco 101, Col. San Lorenzo Huipulco, 14370 México, D.F.El presente trabajo muestra el interés por profundizar en los efectos que ejerce la violencia delictiva en la vida cotidiana de las personas, a partir de dos dimensiones consideradas como relevantes en el estudio del miedo al crimen: el denominado miedo "concreto" y renombrado como "miedo a la victimización", y el miedo "sin forma", conceptualizado como "inseguridad". Debido a que ambas dimensiones parecen estar muy relacionadas, se consideró importante explorar cómo se conforman a partir de una tercera variable como lo es el género. La información se obtuvo de una muestra de 600 personas residentes de dos colonias de la Cd. de México y pertenecientes a diferentes niveles socioeconómicos. Algunos de los resultados señalan que el miedo y la inseguridad son los constructos que más reportan las personas, no obstante que su percepción de riesgo de ser víctimas de delitos violentos, es bajo. En particular, por lo que toca a los hombres, se perciben en mayor riesgo de sufrir este último tipo de delitos; en tanto que las mujeres se percibenen mayor riesgo de sufrir delitos menos violentos. En cuanto a la inseguridad, las mujeres se perciben mucho más inseguras en lugares públicos que los hombres. Las conductas evitativas sugieren un patrón similar, debido a que las mujeres presentan un patrón conductual más limitado en este sentido. Por último las conductas autoprotectoras son llevadas a cabo con más frecuencia por los hombres.Item Encuesta nacional de pacientes psiquiátricos hospitalizados(1995) Caraveo A., Jorge J.; Gómez Espinosa, Mario; Saldívar Hernández, Gabriela; González Ruelas, Enrique; Departamento de Investigaciones de Servicios de Salud. División de Investigaciones Epidemiológicas y Sociales. Instituto Mexicano de PsiquaitríaEl presente estudio se llevó a cabo en 31 hospitales psiquiátricos. La encuesta incluyó una serie de variables indicadoras, tanto a nivel operativo como evaluativo, de las condiciones clínicas y de las necesidades de los pacientes. En los 9 hospitales con capacidad para más de 150 camas se utilizó un muestreo aleatorio sistemático, mientras que en los demás se incluyó a todos los pacientes que estaban internados cuando se hizo el estudio (mayo 1992). La muestra total estuvo integrada por 4,539 pacientes, la mayoría de sexo masculino. Los diagnósticos más frecuentes correspondieron a retraso mental, esquizofrenia, otras psicosis orgánicas crónicas y epilepsia. El 59% de los pacientes tenía padecimientos crónicos. Entre los problemas clínicos que padecían entonces; descataron los estados psicóticos. En el 65% de la muestra total se informó de alguna invalidez; 51% reportó padecer una más y 37% hasta 3. El 36% de los pacientes se encontraba abandonado, carecía de familiares, éstos lo rechazaban o no se podían localizar. Este es el caso sobre todo de la mujeres, quienes además padecían los trastornos más severos. Del total de los pacientes, la mitad tenía la posibilidad de que se le diera de alta. Entre los que no tenían esta posibilidad predominaban los que padecían retraso mental y epilepsia. La información recabada permite contar con una ventana epidemiológica actualizada tanto para el análisis operativo como para el evaluativo de las unidades hospitalarias, y aportan los datos necesarios para la vigilancia epidemiológica y su aplicación en la toma de decisiones.Item Experiencias de violencia física ejercida por la pareja en las mujeres en reclusión(2006) Rodríguez, Eva Ma.; Romero Mendoza, Martha; Durand-Smith, Ana; Colmenares Bermúdez, Eduardo; Saldívar Hernández, Gabriela; Investigadores de la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatría.La violencia contra la mujer es un problema que se vive cotidianamente y se manifiesta de diversas formas, es decir física, sexual y emocionalmente y puede presentarse tanto a nivel público como privado. Este tema se ha considerado mundialmente como prioritario porque impide el desarrollo de la mujer en todas las áreas. Se ha reconocido que tal violencia impide el logro de los objetivos de igualdad, desarrollo y paz, viola y menoscaba o impide su disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Un informe reciente de la Escuela de Salud Pública de John Hopkins y del Centro para la Salud y la Equidad de Género, señala que al menos una de cada tres mujeres ha sufrido maltrato físico, se ha visto coaccionada a tener relaciones sexuales o ha sido objeto de algún abuso en su vida. Tanto en México como en otros países las conductas violentas se han considerado como “naturales” respecto al trato a las mujeres aunque las normas aceptadas y la cotidianeidad las han mantenido ocultas. Sin embargo las encuestas epidemiológicas muestran cifras que dan cuenta de la magnitud del problema lo que ha propiciado que hoy se le vea como un problema grave de salud. Por lo anterior abordar el tema de la violencia intrafamiliar lleva necesariamente a considerar un aspecto cultural muy característico: el hecho cuestionable de referir su existencia sólo al ámbito de lo privado. Se considera que lo que sucede dentro de las paredes de la casa es asunto íntimo y los de fuera no tienen por qué enterarse ni mucho menos intervenir. Lo mismo sucede cuando se habla de la violencia que viven las mujeres que se encuentran en reclusión ya que con frecuencia siguen soportando violencia o abusos tanto al recibir la visita íntima, como por parte de las compañeras, o por la violencia institucional y nadie parece querer intervenir. Las mujeres en un ambiente penitenciario concebido esencialmente para hombres, ocupan una posición secundaria y se ven marginadas con respecto a las actividades laborales, culturales, deportivas y recreativas programadas, y esto en parte se debe a que se asume que la población de prisión es mayoritariamente masculina (Informes de 1990 a 1994). Como lo señala Barquín, en su mayor parte las mujeres en reclusión sufrieron la violencia de sus padres o fueron testigos de ésta al ver que su madre era maltratada, por lo tanto se habituaron a este tipo de conductas y las asumen con mayor permisividad. Esto no significa que tales experiencias puedan considerarse como la causa de que la mujer cometa algún delito o que sean directamente el motivo de su ingreso al sistema penal. El ciclo de la violencia que se inicia en la familia se perpetúa en el matrimonio, y pareciera completarse en los reclusorios, para recomenzar cuando las reclusas salen de prisión. La privación de la libertad por estar en prisión, como los abusos que ocurren en su interior, parecen ser un eslabón más de la cadena de múltiples violencias que constituyen la trayectoria de una parte de esta población. Human Rights Watch es una organización que ha realizado investigaciones especializadas en prisiones desde 1987, y en su informe de 1988 señala que, por ejemplo, las cárceles de Venezuela albergaban a una población reclusa de 25381 presos en total, de los cuales 4% eran mujeres y constituían el 4.5% de la población carcelaria. Esta fuente también informa que los delitos relacionados con las drogas originaron un crecimiento de 55% de la población de reclusas. En Estados Unidos el porcentaje de mujeres recluídas en 1991 en cárceles estatales por delitos violentos fue de 32,2%; la mayoría estaba presa por delitos no violentos. Se señala que la mayoría de las mujeres en prisión sentenciadas por el asesinato de alguien cercano, habían cometido el delito porque eran objeto de malos tratos. De las mujeres en las cárceles de los Estados Unidos, 85% han sido víctimas de malos tratos o de abusos sexuales en algún momento de sus vidas. Así la violencia contra la mujer debería convertirse en tema importante para las autoridades ya que es uno de los problemas más visibles que expresa la situación real de las condiciones de vida en los centros penitenciarios. Dada la importancia de la práctica de la violencia en contra de las mujeres en general y la ausencia de indicadores estadísticos sobre el tema de las mujeres en prisión en particular, el objetivo del presente trabajo fue describir los tipos de violencia física ejercida por sus parejas, que manifestaron 213 mujeres entrevistadas en un Centro Preventivo y un Centro de Readaptación Social, con el fin de dar cuenta de la problemática y proponer estrategias de intervención. Se trata de una muestra no probabilística de 213 mujeres, seleccionada por conveniencia. Se utilizó un instrumento diseñado ex profeso el cual consta de una entrevista semi-estructurada con 242 preguntas, que abarca las siguientes 23 áreas de la vida de las mujeres entrevistadas: datos demográficos, historia escolar, familia actual, familia de origen, situación legal, antecedentes de reclusiones previas, experiencias laborales, redes sociales, depresión, riesgo de suicidio, trastorno de angustia, variables de consumo de alcohol, medición del consumo de alcohol, variables para medir uso de drogas médicas y no médicas, escala de motivos para el consumo, barreras a tratamiento, relaciones íntimas y sexualidad, abuso sexual, violencia/victimización, violencia delictiva, estres postraumático, ambiente de cárcel, salud general y estilos de vida e impulsividad. Las características demográficas más importantes de las mujeres se encuentran en el grupo de 28 a 40 años (45.5%); en cuanto a escolaridad las mujeres tienen una educación de seis años o menos (41.3%), secundaria (36.2%), preparatoria o técnica (16.4%); el estado civil prevaleciente es el de soltera (48.6%), en unión libre (21.6%) y 50.7% tienen hijos menores de 18 años. De las 213 mujeres entrevistadas, 161 señalaron haber sufrido violencia por parte de su pareja. Respecto al número de actos violentos de que habían sido objeto, en rango de 1 a 5 fue el 29.2% (cuadro 2), de 6 a 10, 23.4% y de 11 a 17, el 23.4%. Las estadísticas presentadas en este artículo, tomadas de diferentes investigaciones sobre violencia familiar, muestran solamente una pequeña parte de toda la violencia que se produce en las familias y los resultados de esta investigación señalan que se da con más frecuencia en el grupo de las mujeres en reclusión. La prisión puede reflejar un ejercicio del sistema que se transforma en una función marginalizadora, ya que ahí se encuentran las mujeres más pobres de las clases menos favorecidas, y con un bajo nivel educativo. Como lo señaló Lima en 1998, la estigmatización de la mujer en prisión es doble, ya que en primer lugar sufre como mujer y en segundo como delincuente; por pertenecer no sólo a un grupo desfavorecido en todos los aspectos sociales, sino también al grupo que ha violado la clásica imagen de la mujer impuesta por la sociedad, y por ello debe ser recriminada severamente, olvidando la violencia y los abusos que le ha tocado vivir.Item Inseguridad percibida, conductas de evitación y autoprotección de las mujeres de zonas urbanas. Construcción y validación de escalas(1996) Saldívar Hernández, Gabriela; Ramos Lira, Luciana; Saltijeral M., María Teresa; División de Estudios Epidemiológicos y Sociales. Instituto Mexicano de Psiquiatría. Calz. México-Xochimilco 101, San Lorenzo Huipulco, 14370 México, D.F.Esta investigación presenta los análisis factoriales realizados en tres diferentes escalas: inseguridad percibida, conductas de evitación y conductas de auto protección frente al delito, construidas a partir de la revisión de la bibliografía sobre el tema. Se llevó a cabo una encuesta con un muestreo no probabilístico por cuotas, para obtener una muestra representativa de habitantes del Distrito Federal en términos de nivel socioeconómico, género y edad. De las 600 personas entrevistadas para este estudio, sólo se consideró a las mujeres (n=321), a quienes se les aplicaron las escalas. Los resultados mostraron que en el caso de la inseguridad percibida se obtuvieron dos dimensiones congruentes: inseguridad en espacios públicos (á=.77) e inseguridad en espacios oscuros y solitarios (á=.54). En las conductas de evitación también se encontraron dos dimensiones: estrategias callejeras (á=.76) y limitación en el estilo de vida (á=.57). Finalmente, en las conductas de autoprotección se encontró soló una dimensión: conductas de protección (á=.53). Las medias de los factores obtenidos en la muestra señalaron como más prevalencientes a la inseguridad en espacios públicos y a las estrategias callejeras. Por último, se discute la conceptuación de las escalas y las limitaciones halladas en su operación en la escala de conductas de autoprotección.Item Prevalencia de abuso sexual en estudiantes y su relación con el consumo de drogas(1998) Ramos Lira, Luciana; Saldívar Hernández, Gabriela; Medina Mora, María Elena; Rojas Guiot, Estela; Villatoro Velázquez, Jorge; Investigadores de la División de Investigaciones Epidemiológicas y Sociales. Instituto Mexicano de Psiquiatría (IMP), México.Objetivo. Determinar la prevalencia de abuso sexual en estudiantes de secundaria y preparatoria, hombres y mujeres, de todo el país, así como su relación con el consumo de drogas. Material y métodos. Los datos fueron obtenidos de la Encuesta Nacional de uso de Drogas en la Comunidad Escolar, llevada a cabo en noviembre y diciembre de 1991, en la que fueron encuestados un total de 61 779 alumnos, 51.8 por ciento hombres y 47.1 por ciento mujeres, con una media de edad de 14.4 años. Se utilizó un instrumento autoaplicado, en el que el abuso sexual fue explorado tanto desde la perspectiva de quienes lo han experimentado tanto desde la perspectiva de quienes lo han experimentado -víctimas-, como desde quienes lo han ejercido -agresores. Resultados. La prevalencia de adolescentes víctimas de abuso sexual fue de 4.3 por ciento, y no se enconraron diferencias estadísticamente significativas entre sexos. La prevalencia de agresores fue de 2.5 por ciento; los adolescentes varones habián coercionado sexualmente a otra persona en proporción significativamente mayor que las mujeres. Estas sufrieron el abuso a edades menores en un porcentaje significativamente más alto que los hombres. Asimismo, notificaron una proporción más elevada de abusos por parte de familiares, mientras que los hombres mencionaron principalmente a los amigos como los agresores más frecuentes. Tanto las víctimas como los agresores de ambos sexos, reportaron un cosumo de drogas significativamente mayor que los estudiantes sin estos antecedentes. Conclusiones. Se enfatizan las diferencias en la experiencia de abuso sexual de mujeres y hombres como víctimas y como agresores. En particular, se discute el hecho de que el abuso sexual en varones sea principalmente extrafamiliar, así como el riesgo mayor que tienen las mujeres de ser víctimas de abuso sexual intrafamiliar en edades tempranas. Asimismo, se plantea la necesidad de abordar las consecuencias, en la salud mental, del abuso sexual infantil y adolescente y del consumo de drogas, considerando las particularidades de cada género(AU)Item Validación de las escalas de aceptación de la violencia y de los mitos de violación en estudiantes universitarios(Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, Calz. México-Xochimilco 101, Col. San Lorenzo Huipulco, Tlalpan, México, D.F. Tel. 4160-5000., 2004) Saldívar Hernández, Gabriela; Ramos Lira, Luciana; Saltijeral Méndez, María Teresa; Investigadora en ciencias médicas “F” de la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales; saldivh@imp.edu.mx; saltije@imp.edu.mxIntroducción. En la actualidad, a pesar del inicio de un nuevo siglo, caracterizado por grandes avances en la ciencia y la tecnología, nuestras sociedades no han podido resolver muchos de los graves problemas que afectan las relaciones sociales y el desarrollo de las personas. Entre éstos, podemos señalar la pobreza extrema y la violencia en sus diferentes modalidades. Hoy en día, la violencia parece una forma natural de convivencia social. Para muchos habitantes del mundo, se ha convertido en parte de la vida cotidiana; pareciera que hemos aprendido a vivir con ella o, mejor dicho, a sobrellevarla. La creación de un clima de aceptación o tolerancia de la violencia parece estar permitido fuertemente por valores culturales que la consideran como un modo válido y hasta “natural” para resolver los conflictos. Peor aún, estos valores podrían convertirse en normas que refuercen el dominio masculino sobre las mujeres, los niños y los ancianos; que respalden el uso de la fuerza excesiva hacia los ciudadanos en nombre de la “gobernabilidad”, o que apoyen el enfrentamiento entre grupos con diferencias ideológicas, económicas o políticas. Dentro de este contexto “tolerante” a la violencia, hay una forma que se dirige principalmente a la mujer debido a la relación de desigualdad que mantiene frente al hombre, producto de una sociedad socializada por géneros. Al socializar a hombres y mujeres para la oposición y para que un grupo detente el poder, se han generado las condiciones de producción y reproducción de la violencia que, en el caso de las mujeres, atraviesan frecuentemente el orden de la sexualidad. La violencia sexual es una forma de violencia predominantemente masculina que funciona como un mecanismo que limita e impide el desarrollo de las mujeres en el ámbito público. La falta de información y el silencio alrededor de este tipo de violencia ha provocado que se le oculte y minimice, por lo que se han generado creencias erróneas sobre su causalidad. Este tipo de creencias son conocidas como “mitos de violación”. El objetivo del presente trabajo es mostrar la validez de constructo y la confibilidad de las escalas de Aceptación de la Violencia y de Mitos de Violación en una muestra de estudiantes universitarios. Método. Se llevó a cabo un estudio evaluativo, comparativo, transversal y ex post facto, utilizando una muestra no probabilística intencional por cuotas, para evaluar a 300 estudiantes universitarios de ambos sexos y de tres diferentes carreras impartidas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Los instrumentos utilizados fueron la Escala de Aceptación de la Violencia de Velicer y la Escala de Aceptación de Mitos de Violación que fue construida tomando como base los ocho reactivos originales de la escala de Burt y cuatro de la escala de Struckman-Johnson. Resultados. Los análisis factoriales mostraron los siguientes factores: la Escala de Aceptación de la Violencia arrojó tres factores (alpha general=83). El factor 1 correspondió a la dimensión de “aceptación de la violencia familiar” (a=.89). El factor 2 se denominó “aceptación de tácticas disciplinarias violentas” (a=.71). El factor 3 incluyó la dimensión “aceptación de la violencia militar” (a=.67). La Escala de Aceptación de los Mitos de Violación arrojó dos factores (alpha general=.85). El factor 1 correspondió a la dimensión de “culpabilización de la mujer” (a=.82). El factor 2 se denominó “invulnerabilidad/culpabilización del hombre” (a=.80). El primero implica creencias que sostienen que las mujeres violadas merecen este tipo de ataque si se han comportado “inapropiadamente”. El segundo significa justificar por qué un hombre no puede ser violado y la culpa atribuida a los hombres que sufren una agresión sexual. Discusión. Este es un primer estudio sobre un tema muy actual pero relativamente poco estudiado en nuestro país; por ello, es necesario que se considere como el inicio de toda una línea de investigación. Asimismo, incluye una muestra muy específica, no representativa y que puede originar un sesgo, lo que impide hacer generalizaciones. Sin embargo, dada la gravedad del problema de la violencia en nuestro país, consideramos que esta investigación puede ofrecer una primera aportación en términos de validación de instrumentos. Se requiere realizar estudios más exhaustivos sobre estos temas, pues nuestros datos apuntan a que la violencia no se percibe como incidentes o prácticas aisladas, sino que tiende a estar conformada por diferentes modalidades que se aceptan o no. Urge un cambio para que la violencia no se haga una costumbre en las sociedades. Para ello se requiere promover la movilización masiva de recursos humanos y materiales para desarrollar campañas de concientización contra la violencia, ya sea sexual o de otros tipos, de manera que se transforme en algo cultural y socialmente inaceptable.
