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Browsing by Author "Quiroz del Valle, Nieves"

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    Encuesta de estudiantes de la Ciudad de México 2006. Prevalencias y evolución del consumo de drogas
    (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, Calz. México-Xochimilco 101, Col. San Lorenzo Huipulco, Tlalpan, México, D.F. Tel. 4160-5000., 2009) Villatoro Velásquez, Jorge Ameth; Gutiérrez López, María de Lourdes; Quiroz del Valle, Nieves; Moreno López, Midiam; Gaytán López, Lianed; Gaytán Flores, Filiberto Itzcóatl; Amador Buenabad, Nancy; Investigadores de la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales. INPRF; ameth@imp.edu.mx
    Introducción Desde hace tres años se han hecho varias encuestas sobre consumo de drogas en nuestro país, además de investigaciones específicas sobre el tema. En estos últimos tres años diversos sistemas de información del país (SISVEA, CIJ) han mostrado que el consumo de cocaína se ha estabilizado y que el consumo de mariguana sigue en aumento, aunque estos aspectos presentan variaciones a nivel regional. Asimismo, en los datos de la encuesta de estudiantes de la Ciudad de México del 2003, se encontró una situación similar, hubo un incremento en el consumo de mariguana, un ligero decremento en el consumo de cocaína y, como nueva situación, un repunte en el consumo de inhalables. Por supuesto que los cambios y comportamientos no son iguales en todo el país. Por otra parte, se ha observado que las mujeres han incrementado su consumo de drogas de manera específica. Por ejemplo, el reporte de la encuesta del 2003 muestra que en los casos del alcohol y del tabaco, en algunas delegaciones de la Ciudad de México hay una mayor prevalencia de mujeres que consumen estas sustancias y hay indicios de que en el consumo de algunas drogas ilegales las prevalencias del consumo son similares a las de los hombres. Objetivo El objetivo de este estudio fue el de presentar los resultados de la Encuesta del 2006 sobre las prevalencias del uso de drogas entre la comunidad escolar en la Ciudad de México. Material y métodos El estudio se realizó con una muestra aleatoria de 10 523 estudiantes de todo el Distrito Federal. Los datos de este estudio son representativos por delegación y por nivel educativo, y el diseño es comparable al de estudios anteriores realizados en escuelas por el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuentes Muñiz y la Secretaría de Educación Pública. El cuestionario se conformó con los indicadores de consumo de drogas que se han utilizado en este tipo de estudios que corresponden a los empleados por la OMS. Además, se exploraron diversas conductas de los adolescentes, como el intento suicida, su nivel de depresión y sus conductas alimentarias de riesgo, así como diversos aspectos de su conducta sexual. Resultados Del total de la muestra el 49.5% fueron mujeres y el 50.5% fueron hombres. En los resultados se encontró que el consumo de tabaco alguna vez en la vida ha afectado de modo similar tanto a hombres como a mujeres y fue similar a lo encontrado en el 2003. Por otro lado, se encontró que el 68.8% de los/as adolescentes ha usado alcohol alguna vez en su vida y un 41.3% lo ha consumido en el último mes; resultando igualmente afectados tanto los hombres como las mujeres. La prevalencia total de consumo de drogas fue del 17.8%, porcentaje estadísticamente mayor al del 2003 en un 2.6%. Los hombres estuvieron dentro del subgrupo más afectado por el consumo actual en comparación con las mujeres. De acuerdo al nivel educativo de los participantes, el consumo de sustancias fue casi del doble para los/as adolescentes de escuelas de bachillerato, como para los de bachillerato técnico, en comparación con los/as de secundaria. En cuanto a las drogas ilegales, en el consumo durante el último año, una proporción menor de mujeres ha experimentado con drogas —en ellas se ha observado, en los últimos tres años, un incremento importante en el consumo de inhalables y mariguana— en tanto que el consumo de cocaína se ha mantenido estable. Por lo que respecta a cada sustancia, la mariguana ocupa el primer lugar de preferencia entre los/as adolescentes, le sigue el consumo de inhalables, los tranquilizantes en tercer lugar y la cocaína en cuarto. Conclusiones El estudio mostró un incremento importante en el consumo de drogas en los últimos tres años: del 15.2% ha pasado a 17.8%. Además, dentro del uso de cada sustancia se observan situaciones distintas. Por un lado, el incremento del uso de la mariguana y de los inhalables es grande, mientras que en los tranquilizantes el consumo se mantiene estable y el de la cocaína ha disminuido. Al analizar estos resultados según el sexo, se encontró que los niveles de consumo de drogas ilegales (mariguana e inhalables principalmente), en las mujeres, han aumentado y la cocaína se ha mantenido estable: en tanto que en los hombres también se han incrementado las dos primeras sustancias, pero el consumo de cocaína ha disminuido. Por lo que respecta a las drogas legales, la dinámica se mantiene similar. Por un lado, el consumo de alcohol se ha incrementado en tanto que el consumo de tabaco se mantiene similar al del 2003. Las delegaciones más afectadas por el consumo de drogas son Azcapotzalco, Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán y Tlalpan, las cuales han desplazado a Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza, Iztacalco y Miguel Hidalgo. En el caso del abuso del alcohol, también han cambiado las delegaciones más afectadas, actualmente son Miguel Hidalgo, Cuauhtémoc, Benito Juárez, Cuajimalpa y Tlalpan. Al analizar la relación del consumo de drogas con otras conductas problemáticas se observa que los y las usuarias de drogas, han presentado de dos a tres veces más sintomatología depresiva, intento suicida, conductas antisociales, así como un posible trastorno por déficit de atención
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    La familia y el maltrato como factores de riesgo de conducta antisocial
    (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, Calz. México Xochimilco 101, Col San Lorenzo Huipulco. C.P. 14370, Tlapan, México, D.F. Tel. +52 4160 5000, 2007) Quiroz del Valle, Nieves; Villatoro Velázquez, Jorge Ameth; Juárez García, Francisco; Gutiérrez López, María de Lourdes; Amador Buenabad, Nancy G.; Medina-Mora Icaza, María Elena; Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz; ameth@imp.edu.mx
    La conducta antisocial es una problemática que surge por la combinación de diversos factores entre los que destacan la conducta turbulenta en la escuela, el consumo de drogas, el alcoholismo, la relación antisocial con sus pares, las alteraciones emocionales, el maltrato, los problemas familiares, entre otras situaciones que hacen a los individuos más vulnerables. La presente investigación retoma de esos factores el ambiente familiar y el maltrato para analizar su relación con las conductas antisociales, conocer cómo se comportan los individuos que viven con estos dos aspectos y observar si los mismos pueden ayudar a predecir la presencia de conducta antisocial en los adolescentes. La personalidad antisocial se desarrolla en ambientes en los que se dan el abuso infantil, los problemas económicos, la humillación, el castigo físico sistemático o las rupturas familiares. Vivir tales emociones en la infancia provoca una carencia importante de sentimientos, y esto propicia una tendencia a cometer actos delictivos en el futuro. Se debe terminar con el círculo vicioso en el que los padres que fueron maltratados, maltratan a sus hijos; se tiene que evitar que los padres que vivieron experiencias desagradables como hostilidad, rechazo, falta de comunicación, inestabilidad, etc., repitan patrones de conducta con sus hijos. Es importante revalorizar el papel de la familia, sus funciones, sus características y, sobre todo, la influencia tan determinante que la familia tiene para que los jóvenes presenten problemas de conducta y, más específicamente, de conducta antisocial. Es vital que se cree consciencia del daño que llegan a presentar los niños, los adolescentes e incluso los adultos que crecieron en ambientes familiares negativos llenos de hostilidad, agresión y maltrato, pues todo ello aumenta las posibilidades de que las personas realicen actos delictivos. Es en este contexto que la presente investigación tiene como principal interés mostrar la relación que existe entre el haber vivido situaciones de maltrato o el haberse desenvuelto en ambientes familiares poco proveedores de protección y buen desarrollo, y la presencia de la conducta antisocial en los adolescentes. Para cumplir con nuestro objetivo, se utilizaron los datos obtenidos en la Encuesta sobre Consumo de Drogas en estudiantes, medición otoño 2003 en el DF (11). Los resultados de la investigación muestran que existen diferencias entre el grupo que comete actos antisociales del grupo que no lo comete, tanto para el área del ambiente familiar como para el área del maltrato. Los principales predictores de la conducta antisocial fueron: mayor presencia de hostilidad y rechazo, menor comunicación por parte de los hijos, menor apoyo de los hijos y mayor presencia de disciplina negativa severa y disciplina negativa. En lo que respecta a la comunicación, el apoyo de los padres y la disciplina prosocial, estos no se identificaron como predictoras de conducta antisocial. De esta forma se concluyó que el ambiente familiar y el maltrato son factores asociados con la presencia de conducta antisocial, por lo que debemos prevenir dicha problemática mejorando las relaciones familiares, la interacción entre los miembros con un ambiente familiar positivo que permita a los adolescentes un sano desarrollo. En los casos en los que desde la infancia se proporciona un ambiente familiar óptimo, y que éste se logra mantener con relaciones intrafamiliares de verdadero afecto, el adolescente convierte a los padres en sus guías y orientadores. Una familia con una disciplina razonable y no arbitraria permite al adolescente desarrollar una conducta social que lo va a conducir a su propio autocontrol y a la autodirección. En cambio, cuando las relaciones entre padres e hijos son desfavorables, la conducta moral del adolescente se deteriora fácilmente y es común que los jóvenes presenten dificultades para adaptarse.